
Soy un hedonista confeso. Sí. No puedo pasar un día sin disfrutar de uno o más placeres, algunas veces sanos, otras… no tanto.
No me miren así.
Posiblemente uno de los mayores goces diarios, no sólo míos, sino de cualquiera que tenga un dedo de frente es la risa. No puedo pasar una sola jornada sin soltar una enorme carcajada, es casi un ritual, una costumbre – pero no una rutina, qué horror – que se repite indefectiblemente, de una forma u otra, en los diferentes momentos de mi cotidianidad.
Decía Nietzsche que el hombre sufre tan terriblemente en el mundo que se ha visto obligado a inventar la risa. Puede ser. En todo caso, los científicos aseguran que la risa es una respuesta biológica producida por el organismo como réplica a determinados estímulos, fundamentalmente al estrés. La sonrisa, por lo tanto, se considera una forma suave y silenciosa de risa.
El origen de la risa no está tan claro hasta ahora. Para algunos investigadores constituye una forma de comunicación innata heredada de los primates e íntimamente relacionada con el lenguaje, y, para otros, la risa es una reminiscencia o sinónimo del grito de triunfo del luchador tras ganar a su adversario. Aseguran que en todas las manifestaciones de humor existe un gesto de agresión, incluso en los casos más inocuos.
En cualquier caso, existen estudios recientes realizados tanto en orangutanes como en chimpancés que sugieren que estos son capaces de reírse, con lo cual la risa sería de origen evolutivo y genético.
De entre las señales emocionales, la sonrisa es la más contagiosa de todas (siempre según los expertos, claro), y, el hecho de sonreír, alienta los sentimientos positivos. Al igual que la risa propiamente dicha, la sonrisa es innata, y los niños sordos y los ciegos sonríen. Suele aparecer a las seis semanas de vida y constituye el primer lenguaje del ser humano.
Inicialmente es un comportamiento físico, y paulatinamente va evolucionando hasta convertirse en una conducta emocional. La autoinducción del gesto de sonreír puede mejorar nuestro estado de ánimo. Otra propiedad es la de inducir una elevación de la actividad de las células NK y mejorar así nuestro estado inmunológico.
Algunos estudios demuestran que la risa varía en función del género: las mujeres tienden a reírse de una forma más cantarina, mientras que los hombres tienden a reírse bufando o gruñendo.
Así que, ya saben, disfruten algo más de los placeres de la vida… les va a sentar muy bien.
Escrito | Por Daniel González Gómez-Acebo.